Cuánto cuesta un software de gestión de alquileres (2026)
Escrito dentro de una inmobiliaria en actividad, por un Martillero y Corredor Público matriculado en Balcarce, provincia de Buenos Aires. Es orientación general sobre cómo funciona la administración de alquileres, no asesoramiento legal ni contable.
En Argentina, un software de gestión de alquileres se cobra como abono mensual y el precio depende de cuántos contratos administrás, no de cuántas personas lo usen. A agosto de 2026, para una inmobiliaria chica o mediana el rango habitual va de unos $25.000 a unos $60.000 por mes. En Llavego, que publica sus precios, son $25.000 hasta 40 contratos, $35.000 hasta 120 y $55.000 hasta 300.
Ese es el número corto. Abajo está lo que hace falta para saber si es caro o barato: cómo se cobra realmente, qué costos no figuran en el precio de lista y cuánto te está costando hoy no tener sistema.
¿Cómo se cobra: por contrato, por usuario o por propiedad?
Lo estándar en el rubro es cobrar por cantidad de contratos activos, en tramos. Pagás un abono fijo mientras estés dentro del tramo y subís de plan cuando lo superás. Es el modelo que más se parece a cómo crece una inmobiliaria: si sumás diez contratos, sumás ingresos, y recién cuando cruzás el escalón sube el costo. Cuidado con dos variantes que se ven y encarecen rápido: el cobro por usuario, que te castiga por sumar un empleado, y el cobro por propiedad en vez de por contrato, que te hace pagar por unidades vacías que no te generan un peso.
¿Por qué casi ninguna empresa publica el precio?
Porque el precio oculto es una herramienta de venta: obliga a dejar los datos y pedir una demo, y ahí entra un vendedor. Es legítimo, pero para el que está comparando significa tres formularios y tres llamadas antes de saber un número. Vale la pena tenerlo en cuenta al presupuestar tiempo, y también como señal: un proveedor que publica el precio te está diciendo que no lo cambia según quién pregunte.
¿Qué costos no aparecen en el precio de lista?
Cuatro, y son los que hacen que el presupuesto se duplique. Uno, el alta o implementación: un pago inicial por configurar la cuenta. Dos, la migración de tu cartera, que a veces se cobra aparte y a veces directamente no existe y la terminás cargando a mano. Tres, la capacitación, por hora o por paquete. Cuatro, el costo por usuario adicional. Antes de comparar dos precios, preguntá por los cuatro: dos abonos parecidos pueden terminar en números muy distintos el primer año.
¿Hay permanencia o hay que firmar por un año?
Depende del proveedor, y conviene preguntarlo antes de cargar un solo contrato. Hay sistemas que atan por doce meses y otros sin permanencia, donde te das de baja cuando querés. La pregunta que ordena todo es la que sigue: ¿puedo exportar mis datos completos si me voy? Si la respuesta es no, el abono es lo de menos — el costo real de irte es volver a cargar toda tu cartera.
¿Cuánto te cuesta hoy no tener sistema?
Es el número que casi nadie calcula y el que decide la compra. Una cartera de 30 contratos administrada con planillas se lleva entre 8 y 10 horas por mes de trabajo puramente mecánico: 30 avisos de cobranza con su monto y su alias, 30 recibos, unas 10 liquidaciones a propietarios y el control de qué entró y qué falta. Poné lo que vale tu hora y comparalo con el abono. En la mayoría de las inmobiliarias chicas el sistema se paga con dos o tres horas del dueño.
Hay un costo más difícil de medir y más caro: el error. Un ajuste por índice aplicado tarde, una liquidación con un número mal copiado o un recibo que no coincide con lo que se cobró se pagan en descuentos, en discusiones y a veces en la pérdida del cliente propietario.
¿Cómo se actualiza el abono con la inflación?
Lo habitual en Argentina es que el abono se ajuste cada tres o seis meses, con un índice o por decisión del proveedor. Preguntá cuál de las dos cosas es: un ajuste atado a un índice público es previsible y lo podés proyectar; uno a criterio del proveedor no. En Llavego el abono se actualiza trimestralmente por ICL, el mismo índice del Banco Central con el que muchas inmobiliarias ajustan los contratos que administran.
¿Conviene siempre el más barato?
No, y la razón es concreta: el precio se compara en un minuto y lo que falta se descubre en el mes tres. Antes de decidir por precio, chequeá que traiga los índices argentinos oficiales sin cargarlos a mano, que emita factura electrónica ante ARCA con tu propio CUIT, que arme los avisos de cobranza por WhatsApp y que puedas exportar todos tus datos. Un sistema $10.000 más barato al que después le tenés que sumar la facturación por afuera termina saliendo más caro y trabajando peor.
¿Existe alguna opción gratis que sirva?
Para una cartera de verdad, no. Lo gratis se reduce a planillas de Excel o Google Sheets, que sirven para llevar la cuenta pero no generan recibos, no calculan los índices solos, no mandan avisos y no facturan. Es una opción razonable hasta unos diez contratos; a partir de ahí el tiempo que te come vale más que cualquier abono.
¿Cómo lo pruebo antes de pagar?
Probándolo con tus propias manos, no mirando una presentación. Pedí entrar al sistema y hacer las tres cosas que vas a repetir todos los meses: cargar un contrato con su índice, registrar un pago y generar la liquidación al propietario. Si eso sale fácil, el resto también. En Llavego se puede hacer sin registrarse y sin dejar ningún dato: entrás a un laboratorio de prueba con datos de ejemplo y tocás todo.
Los precios de este artículo son los publicados a agosto de 2026 y se actualizan por ICL, así que el número del día está siempre en la página de precios.
Entrá y probá todas las funciones, sin registrarte y sin dejar ningún dato.
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