Sistema de gestión para inmobiliarias: qué tiene que tener
Escrito dentro de una inmobiliaria en actividad, por un Martillero y Corredor Público matriculado en Balcarce, provincia de Buenos Aires. Es orientación general sobre cómo funciona la administración de alquileres, no asesoramiento legal ni contable.
Un sistema de gestión para inmobiliarias tiene que resolver cuatro cosas antes que ninguna otra: los contratos con su actualización por índice, la cobranza y la mora, la liquidación al propietario y la facturación de tus honorarios ante ARCA. Si falla en alguna de esas cuatro, el trabajo vuelve a la planilla y el sistema se transforma en un lugar más donde cargar datos.
Esta guía está escrita desde adentro de una inmobiliaria en actividad, no desde una empresa de software: el orden de las funciones es el orden en que duelen cuando faltan.
¿Qué funciones no pueden faltar?
Ocho. Uno: contratos con actualización automática por los índices argentinos oficiales (ICL, IPC, UVA, CER), tomados de la fuente y no cargados a mano. Dos: registro de pagos con cálculo de mora por día. Tres: recibos y liquidaciones en PDF con tu marca. Cuatro: avisos de cobranza por WhatsApp, que es por donde se cobra en Argentina. Cinco: facturación electrónica ante ARCA con tu propio CUIT. Seis: caja y cuenta corriente por inquilino y por propietario. Siete: portales para que inquilinos y propietarios vean sus comprobantes solos. Ocho: usuarios para tu equipo, con registro de quién hizo cada cosa.
¿Por qué la actualización por índice es la función que más importa?
Porque es la que más plata mueve y la que más se equivoca a mano. Un ajuste por ICL mal calculado o aplicado un mes tarde se arrastra por todo el contrato: cada mes siguiente parte de una base equivocada. El sistema tiene que hacer tres cosas: traer el índice oficial solo, avisarte cuándo toca ajustar cada contrato, y dejar registrado el cálculo para poder mostrárselo al inquilino o al propietario si lo discuten.
¿Necesito que facture mis honorarios?
Sí, y es lo que más se subestima al elegir. Si el sistema no factura, tu circuito queda partido: liquidás en un lado y después entrás al sitio de ARCA a cargar los mismos datos de nuevo, con el riesgo de que los números no coincidan. Un sistema que emite la factura desde la liquidación, con tu CUIT, tu punto de venta y el CAE oficial, te saca esa doble carga todos los meses. Verificá que emita el tipo que te corresponde —A, B o C según tu condición fiscal— y que la factura salga a tu nombre, no al del proveedor del software.
¿Qué preguntas hacer antes de contratar?
Seis, y conviene hacerlas por escrito. ¿Puedo exportar todos mis datos si me voy, y en qué formato? ¿Cuántos usuarios entran en el abono y cuánto sale sumar uno? ¿Hay permanencia? ¿La migración de mi cartera está incluida o se cobra aparte? ¿Cada cuánto y con qué criterio se actualiza el abono? ¿Los comprobantes salen con mi marca o con la del sistema? Las respuestas a estas seis explican casi toda la diferencia entre dos presupuestos parecidos.
¿Sirve para una inmobiliaria de dos personas?
Sí, y suele ser donde más se nota. En una inmobiliaria chica no hay a quién delegarle la parte mecánica: el mismo que muestra propiedades es el que arma los recibos un domingo a la noche. Con 20 o 30 contratos, un sistema ya devuelve varias horas por mes. Lo que sí cambia según el tamaño es la prioridad: en una inmobiliaria chica pesa más la cobranza y la liquidación, y en una grande pesan más los usuarios del equipo y la trazabilidad de quién tocó qué.
¿Hace falta instalar algo o tener un servidor?
No, y conviene desconfiar del que diga que sí. Un sistema de gestión actual funciona desde el navegador, en la computadora de la oficina y en el celular en la calle, sin instalación ni servidor propio. Eso te saca de encima el mantenimiento, las copias de seguridad y las actualizaciones, y te deja entrar desde cualquier lado. Lo que sí tenés que preguntar es dónde quedan guardados los datos, con qué frecuencia se hace backup y cómo se aísla tu información de la de otras inmobiliarias.
¿Cuáles son los errores más caros al elegir?
Tres. El primero es elegir por precio sin mirar qué queda afuera: un abono más barato sin facturación te obliga a resolverla por afuera todos los meses. El segundo es contratar sin haber probado el sistema con tus propias manos, mirando solo una demostración guiada donde todo sale bien. El tercero, el más caro: no preguntar cómo exportar tus datos. Una cartera de 100 contratos cargada a mano son semanas de trabajo, y si no podés llevártela quedás atado al proveedor pase lo que pase.
¿Cómo lo pruebo de verdad antes de decidir?
Cargá un contrato completo con su índice y su fecha de ajuste, registrá un pago con mora y generá la liquidación al propietario. Son las tres operaciones que vas a repetir todos los meses durante años: si esas tres salen rápido y los números cierran, el sistema sirve. En Llavego eso se puede hacer sin registrarse y sin dejar datos, en un laboratorio de prueba con información de ejemplo que se borra al cerrar el navegador.
Llavego nació dentro de una inmobiliaria argentina en actividad, administrando alquileres reales, y por eso está armado en ese orden: contratos, cobranza, liquidación y facturación. Si querés ver el detalle de cada función antes de probarlo, está todo listado.
Entrá y probá todas las funciones, sin registrarte y sin dejar ningún dato.
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